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2013-10-22

Noticias de un inventario, Biblioteca Nacional define el futuro de sus colecciones

 
Foto: Sergio Zapata León
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 El pasado lunes 7 de octubre se inició oficialmente el proceso de inventario del patrimonio bibliográfico y documental de la nación.

El primer inventario del que se tiene noticia al interior de la Biblioteca Nacional ocurrió en el mes de octubre de 1767 producto del decomiso de una expropiación que se hizo de todos los bienes atesorados por la Compañía de Jesús en Santa Fe de Bogotá. En aquel momento fueron registrados 4.182  volúmenes que incluían 438 libros de teología, 83 de matemáticas y 597 históricos.

55 años más tarde, en 1822, un segundo conteo determinó que la colección sumaba entre 10.000 y 12.000 volúmenes, cifra inferior a los
13.399 volúmenes que don Manuel del Socorro Rodríguez, bibliotecario a cargo de custodiar los primeros volúmenes de la colección, había recibido en 1790, debido a la pérdida y la expurga de todos aquellos que se juzgaban prohibidos.

Históricamente han sido muchos los intentos por inventariar las colecciones de la biblioteca. Sin embargo, nunca se ha logrado determinar exactamente cuántos libros componen su acervo. Las razones son varias, entre ellas, que no se ha mantenido un sistema único de clasificación, y por ello 236 años después de su fundación, la Biblioteca Nacional enfrenta una ardua aunque emocionante tarea.

Por primera vez en su historia la Biblioteca se ha propuesto hacer un inventario completo que abarque todas las colecciones y que arroje datos fidedignos sobre la totalidad del material que se conserva en sus depósitos.

Camilo Páez, coordinador de colecciones de la biblioteca, es enfático al señalar que los inventarios previos “fueron trabajos parciales y aunque siempre escuchamos hablar del inventario hecho por Francisco de Paula Santander, ese fue relativamente fácil porque la biblioteca solo tenía diez mil libros en aquel momento, así que fue cuestión de encomendar la tarea a un preso, quien contó y clasificó los volúmenes en un periodo de un año”.

Páez se refiere al episodio ocurrido en 1828, cuando Santander se dedicó a contar los libros luego de ser condenado a muerte producto de su participación en la Noche Septembrina, tras ser puesto preso en el que hoy se conoce como el Palacio San Carlos –actual sede de la Cancillería-, donde reposaba la colección bibliográfica de la Biblioteca Nacional.

Pero con una colección tan grande como la que guarda la Biblioteca Nacional –integrada por un total aproximado de 2´600.000 volúmenes y cerca de 45.000 volúmenes de prensa que equivalen casi a 1´500.000 de números de prensa, pues un tomo contiene alrededor de 30 números-, se requiere más que un condenado a muerte y menos de un año calendario para inventariar el material.

Hoy, con el personal especializado en fase de entrenamiento -143 personas entre profesionales, técnicos y auxiliares-  y con las herramientas tecnológicas disponibles, la misión se ha programado para llevarse a cabo en ocho meses; de tal suerte que aunque ha transcurrido menos de un mes desde que se iniciaron los trabajos, ya comienzan a aparecer libros interesantes.

Uno de ellos es El patriota americano (1811), un pequeño volumen empastado en piel, hasta ahora desconocido, que contiene una colección de dicho periódico cubano. De manera que gracias a su disciplina como historiador, Páez establece una probable relación entre el invaluable documento y Manuel del Socorro Rodríguez, el importante director nacido en la isla caribeña quien dirigió la Biblioteca Nacional entre
1790 y 1819., puesto que el también carpintero, publicó en Bogotá El redactor Americano. ¿Se trata de un periódico precursor? ¿Fue también una empresa a distancia impulsada por del Socorro?

Un arduo trabajo

Edgar A. Delgado, Asesor del Grupo de Procesos Técnicos, describe el inventario como un proceso en el que se “prevé la identificación y registro en la base de datos de todas las colecciones que ha custodiado la Biblioteca Nacional desde 1777”. De manera que en la medida en que se van cotejando los documentos, se van haciendo ajustes al registro, y si aparecen libros no registrados en la base de datos, se ingresan.

En 1991, se realizó un cálculo aproximado sobre la base del metraje lineal de las estanterías ocupadas por las obras, y del promedio de volúmenes organizados por anaqueles. Esta curiosa manera de contar solo podía arrojar resultados aproximados y, algo más preocupante aún, permitió que volúmenes de un mismo título se contaran individualmente, lo que agrandó la imprecisión si se tiene en cuenta el caso contrario:
que un libro que en su interior guardaba más de una pieza individual fuera contabilizado de manera unitaria. El resultado de este ejercicio fue de 339.771 volúmenes correspondientes a libros y 123.506 volúmenes de publicaciones periódicas.

Durante el inventario 2013-2014 se llevarán a cabo tres procesos: uno de catalogación, en el que se toma un libro, se compara con el registro, se verifica su información y se actualiza -en el caso que sea necesario- hasta obtener una “cédula” para cada libro. Se realizará además un proceso de organización, que tiene que ver con los sistemas de catalogación actuales y con la escasez de espacio que sufre la biblioteca en este momento.

Finalmente, se realizará un proceso de preparación física de los materiales. Hay una parte de las colecciones que tiene instaladas bandas de seguridad: los libros del fondo antiguo en su totalidad cuentan con ellas, pero una gran parte del material en custodia no.
Aparte, se instalará un sistema de radiofrecuencia que será la base para agilizar el préstamo, el seguimiento y el control de los materiales.

El patrimonio bibliográfico y documental custodiado por la biblioteca, que se ve enriquecido constantemente por el caudal de volúmenes que ingresan a diario gracias a la Ley de depósito legal (unos seis mil), será sometido por primera vez a un cotejo documento a documento. Una vez que se barran todas las colecciones del catálogo, aclara Delgado, la Biblioteca podrá dar cuenta específica de todos y cada uno de los materiales que conforman sus colecciones, con lo que se ampliará la posibilidad de acceso a todo el patrimonio que custodia. La nueva directora de la Biblioteca, Consuelo Gaitán, se ha mostrado optimista frente a todo el proceso: “ahora comenzamos un proceso de inventario.
Vamos a tratar de conservar los dos ejemplares del depósito legal y, si logramos digitalizar, podremos optimizar el espacio que tanta falta le hace a la Biblioteca en este momento”.

Noticia de un hallazgo

Hasta ahora, el equipo de trabajo está perfeccionando los registros de las principales colecciones, pero dentro de los materiales bibliográficos y documentales agrupados bajo el nombre de “Salas”, ya se han hecho algunos hallazgos. El edificio de Las Aulas, que alberga el Museo de Arte Colonial, fue la segunda sede de la Biblioteca Nacional. Allí, las colecciones estaban organizadas  por salas, obedeciendo a una unidad documental.

Camilo Páez explica que Las “Salas” son la organización o clasificación más antigua que aún se conserva en la Biblioteca y que parte de lo que busca el inventario es unificar los diferentes sistemas de clasificación que conviven hoy en ella. El material de estas Salas no se registró dentro de los sistemas informáticos de archivo cuando se migraron los ficheros físicos, por lo que puede decirse que esas colecciones albergaban libros y materiales que no existían para el público.

Un ejemplo de estos hallazgos corresponde a una colección de prensa alemana del siglo XIX donada, al parecer, por Mariano Santamaría, arquitecto colombiano que se desempeñó como cónsul en Alemania. Entre otros, Santamaría fue arquitecto en jefe de los trabajos de construcción del Capitolio y lideró proyectos como la estación de la Sabana y el Teatro Municipal, que en la actualidad lleva el nombre Jorge Eliécer Gaitán.

Algunos indicios señalan que mientras dirigió la Escuela de Bellas Artes, utilizó la información de esos volúmenes de prensa para desarrollar contenidos de formación dedicados a los estudiantes de la Escuela. ¿Cómo llegó ese material a la Biblioteca Nacional? Se pregunta Páez, ¿por qué ese material está aquí? A partir del hallazgo realizado durante el inventario, los investigadores están en busca de los orígenes de esa donación.

En los anaqueles de la Biblioteca reposan libros invaluables cuyo destino es incierto debido a que el edificio no cuenta con espacio suficiente para continuar almacenando el material que ingresa gracias a la ley de depósito legal. El inventario, entonces, parece ser un arma de doble filo: en la medida en que emergen libros inesperados y magníficos, las labores de registro establecerán rigurosamente si merecen quedarse.

Debido al carácter patrimonial de la Biblioteca, hay materiales impresos en otros países y en otras lenguas que técnicamente no entran en el marco de lo que se entiende por patrimonio nacional.
Historiadores, literatos e investigadores de todas las disciplinas que adelantan trabajos en la Biblioteca se preguntan ahora qué destino les espera.

Texto y fotografías: Sergio Zapata León
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