El programa Cocinas para la Paz promueve y reconoce las prácticas y conocimiento de las comunidades alrededor del cultivo, preparación y consumo de sus alimentos tradicionales, fortaleciendo los ecosistemas agroalimentarios y las redes de economía social y solidaria.
Bogotá D.C., 30 de mayo de 2025. (@mincultura y @Fao_Colombia). Desde los guisos afrocaribeños hasta los caldos andinos, pasando por las chagras amazónicas y los rituales alimentarios indígenas, las cocinas tradicionales son reconocidas como parte del patrimonio vivo de la Nación. Reflejan la diversidad de Colombia y su relación profunda con el territorio. Por eso, el Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes, en alianza con la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO Colombia), impulsa este año una nueva etapa del programa Cocinas para la paz, que reconoce los fogones tradicionales como espacios de cuidado, reconciliación, resistencia cultural y garantía del derecho humano a la alimentación.
El corazón del programa son las cocinas tradicionales: saber y cuidados transmitidos principalmente por mujeres, donde se entretejen conocimientos ancestrales con prácticas agroecológicas, redes de solidaridad y liderazgo comunitario. Son escenarios de empoderamiento femenino, en especial, en territorios afectados por la violencia.
Desde su creación en 2022, Cocinas para la paz ha promovido el reconocimiento y fortalecimiento de saberes y prácticas culinarias como elementos esenciales de la identidad cultural y la soberanía alimentaria. Entre 2022 y 2024, el programa vinculó a más de 300 portadores de la tradición alimentaria, entre ellos agricultores, pescadores, cocineras, cocineros, gestores culturales, niños, niñas y jóvenes, generando un impacto significativo en sus comunidades.
Contribuir al relevo generacional
Hasta el pasado abril, el programa ha contado con la participación de 976 personas —732 mujeres y 244 hombres— de comunidades de campesinos, raizales, afrodescendientes, indígenas y mestizos.
En esta nueva etapa, Cocinas para la paz se está implementando en 10 departamentos: Archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina, Amazonas, Atlántico, Bolívar, Boyacá, Córdoba, Cundinamarca, Santander, Sucre y La Guajira. Las actividades incluyen seminarios, talleres, intercambios de saberes, y dos cursos virtuales: uno sobre alimentación escolar y otro sobre alimentación tradicional.
Entre los 24 municipios a los que hemos llegado están Arenal, Barrancabermeja, Cáqueza, Ciénaga de Oro, Dibulla, Galapa, Guaranda, Leticia, Lorica, Maicao, Manaure, Puerto Nariño, Providencia, Riohacha, San Antonio de Palmito, San Martín, San Andrés, San Onofre, San Pablo, Santa Catalina, Simití, Suan, Tuta y Uribia. La inversión durante este Gobierno alcanza los 4.000 millones de pesos.
Desde 2024 también se ha implementado el programa en Timbiquí y Guapi (Cauca); Quibdó, Medio San Juan y Bojayá (Chocó); y Francisco Pizarro, Tumaco y Pasto (Nariño), en colaboración con la Escuela Taller de Popayán.

Uno de los talleres de Cocinas para la Paz de 2024 en el municipio de Guapi, en el departamento de Cauca. Foto: Johana Lancheros.
A través de talleres, recorridos comunitarios, procesos de formación y adaptación de las denominadas Guías Alimentarias Basadas en Alimentos (GABAS) con enfoque territorial, el programa detecta, recupera y fortalece prácticas alimentarias tradicionales, contribuyendo al relevo generacional, la economía popular y el empoderamiento comunitario, especialmente de mujeres y juventudes rurales.
Además, se promueve el uso de herramientas como la cartografía alimentaria, los mandalas de saberes, el mapeo de actores y el inventario participativo de cocinas tradicionales, que permiten reconocer la historia viva de los fogones y visibilizar los riesgos que enfrentan, como la pérdida de especies, el extractivismo, los monocultivos o el desarraigo cultural.
Estas cocinas encarnan la soberanía alimentaria, entendida como el derecho de los pueblos a decidir cómo producir, intercambiar, preparar y consumir sus propios alimentos, de acuerdo con sus culturas, saberes y condiciones ecológicas. Este enfoque parte del reconocimiento del papel central de las cocinas tradicionales en la garantía del derecho a una alimentación adecuada, la protección del patrimonio cultural y la construcción de paz territorial.
Expresión de resiliencia y motor de cambio social
“En el marco de la Política para el conocimiento, salvaguardia y fomento de la alimentación y cocinas tradicionales de Colombia, el Ministerio de las Culturas reconoce que las prácticas alimentarias y los saberes asociados a la producción y consumo de preparaciones ancestrales constituyen un patrimonio vivo y una parte integral de los derechos culturales de los pueblos. Por ello, se viene implementando el programa Cocinas para la paz en articulación con la FAO, mediante el cual se fortalecen los procesos comunitarios asociados al patrimonio alimentario y culinario, los cuales han sido gestados desde las propias comunidades y se han convertido en expresión de su resiliencia y motor de cambio social en los territorios. Esto demuestra que, a través de estos saberes, se contribuye al desarrollo sostenible y a la cohesión social”, señala Mónica Orduña Monsalve, Directora de Patrimonio y Memoria.
“Desde la FAO acompañamos el programa Cocinas para la paz, porque representa una apuesta transformadora por la soberanía alimentaria, el fortalecimiento de los saberes ancestrales y la construcción de paz en los territorios. Este programa reconoce que alimentarse no es solo un acto biológico, sino una práctica cultural, social y espiritual profundamente conectada con la identidad, la memoria y los derechos de las comunidades. Cocinas para la paz promueve una alimentación saludable, sostenible y culturalmente adecuada, y contribuye de manera concreta a reducir el hambre, empoderar a las mujeres y garantizar el derecho humano a la alimentación”, dice, por su parte Michela Espinosa, Especialista Senior del área de alimentación y lucha contra la malnutrición de FAO Colombia.
Cocinas para la paz se inscribe en la Política para el conocimiento, salvaguardia y fomento de la alimentación y cocinas tradicionales de Colombia, impulsada por el Ministerio de las Culturas desde 2012. Esta política busca valorar y salvaguardar la diversidad de conocimientos, prácticas y productos alimenticios como factores fundamentales de identidad, pertenencia y bienestar, así como promover una alimentación saludable, sostenible y autónoma como fuente de paz y desarrollo.
Esta apuesta también contribuye al cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) adoptados por las Naciones Unidas, en especial el ODS 2 (Hambre cero), el ODS 5 (Igualdad de género) y el ODS 11 (Ciudades y comunidades sostenibles).
Desde 1948, la Declaración Universal de los Derechos Humanos reconoció el derecho a un nivel de vida adecuado, incluyendo la alimentación. Más adelante, el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales reafirmó que el acceso físico y económico a alimentos suficientes, saludables y culturalmente adecuados es un derecho humano fundamental, incluso en contextos de emergencia o conflicto.
El derecho a la alimentación adecuada implica la participación activa de las comunidades en la definición de sus políticas alimentarias y nutricionales, considerando cuatro dimensiones esenciales:
Disponibilidad: que existan alimentos suficientes, producidos de forma sostenible.
Accesibilidad: que sean asequibles y estén al alcance físico de todas las personas.
Adecuación: que respeten la cultura, tradiciones e identidad de los pueblos.
Sostenibilidad: que aseguren la alimentación también para las generaciones futuras.
Desde esta perspectiva, Cocinas para la paz se convierte en una herramienta concreta para la garantía de este derecho.
La FAO acompaña el programa con compromiso, como una expresión tangible del enfoque de derechos, la lucha contra el hambre y la promoción de una alimentación saludable, sostenible, diversa y culturalmente adecuada. El Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes reafirma su compromiso con la soberanía alimentaria y el fortalecimiento de las tradiciones culinarias como pilares de la paz y el desarrollo sostenible en Colombia.