Por Yannai Kadamani Fonrodona.
Ministra de las Culturas, las Artes y los Saberes
El Festival Internacional de las Artes Vivas (FIAV) cerró su segunda edición con un festival de teatro y de las Artes Vivas que además de tomarse lose scenarios de Bogotá se consolidó, en respuesta al apoyo del gobierno nacional, en una apuesta de expansión nacional. Apoyar a Bogotá, pero salir de la ciudad respondió a una decisión deliberada de llevar la cultura a los territorios.
Las cifras confirman que fue una decision acertada. Más de 125.400 asistentes, 69.100 en salas, 48.300 en escenarios de calle y 6.500 en otras ciudades del país. Más de 52.000 boletas vendidas y una boletería superior a los 2.427 millones de pesos, , mayor circulación económica y mayor diversidad de públicos.
Este resultado fue posible gracias a un trabajo articulado con Bogotá, que asumió un papel fundamental en la producción, programación y operación del festival en la ciudad, consolidándose como un nodo central de las artes vivas en América Latina. No obstante, además de apoyar presupuestalmente al evento en Bogotá, la decision estratégica del Ministerio fue la de convertir un festival de ciudad en una política de circulación nacional.
Con presencia en 19 ciudades y municipios del país, 26 funciones fuera de Bogotá y la implementación de la estrategia Circuitos Vivos, el FIAV dejó de ser un evento centralizado para convertirse en una red de circulación escénica. Esta expansión incluyó ciudades y territorios como Medellín, Cali, Barranquilla, Cartagena, Bucaramanga, Pasto, Manizales, Pereira, Armenia, Ibagué, Neiva, Villavicencio, Tunja, Popayán, Santa Marta, Montería, Sincelejo, Valledupar y Riohacha, entre otros espacios donde el teatro no suele hacer parte de la programación habitual de gran escala.
la idea base de esa expansion, era incidir en un cambio structural. No en vano, durante décadas, el acceso a las grandes programaciones teatrales ha estado limitado a unas pocas ciudades. El resultado ha sido un ecosistema cultural fragmentado, con capacidades concentradas y públicos desiguales. Esta edición rompe con esa lógica al llevar obras, artistas y programación a territorios que históricamente han estado por fuera del circuito.
Los efectos son medibles: 1.186 artistas participaron en el festival —275 internacionales, 459 nacionales y 452 distritales—, se generaron 2.500 empleos y se contrataron más de 2.350 noches de hotel, de las cuales 1.800 ocurrieron en Bogotá y 550 en otras regiones del país. Esto no es solo cultura. Es economía, empleo y dinamización regional.

La decisión de descentralizar no responde a una definición de política pública en torno al arte y la estética, pero que va más allá. La decision de apoyar el Festival para lograr su expansion responde a una idea básica, primaria, moderna, pero que en Colombia había costado interiorizar. Se trata de una idea básica: el acceso a la cultura es un derecho y no puede depender del lugar de las condiciones socioeconómicas. Estabamos acostumbrados a que el Teatro, la ópera, la música sinfónica, los grandes escenarios, Estaban limitados al público con poder adquisitivo y residente en las grandes ciudades. Pero las cosas han cambiado y muchas y muchos ciudadanos pudieron disfrutar de las obras más calficadas.
En ese marco, el teatro cumple un papel específico. Es una de las disciplinas centrales de Artes para la Paz, el programa eje de la política cultural del gobierno nacional que llega a más de 400 mil niñas y niños en todo el territorio y que se forman también en música, pintura, artes audiovisuals, narrativas digitales, circo , entre otras. Es una política enfocada en la paz porque permite tramitar diferencias, representar conflictos y producir diálogo en contextos donde otras formas de conversación son limitadas. En últimas, Artes para la Paz, es una herramienta de cohesión social que hoy en día, y a una velocidad vertiginosa, logró llegar a dos de cada tres municipios.
Por eso, la expansión del FIAV tiene implicaciones más amplias que las del sector artístico. Cuando una obra llega a una ciudad intermedia amplía la oferta cultural, activa públicos, fortalece infraestructura, genera circulación económica y abre espacios de conversación que no existían.
El resultado es un cambio de modelo: de la concentración a la circulación, del evento a la red y de la programación a la política.
Bogotá sigue siendo el nodo central del Festival de Teatro, hoy Festival de las Artes Vivas, y su liderazgo institucional ha sido determinante para el éxito del festival. La contribución del Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes, se hizo con el compromise de escalar este logro. Entre las ciudades en donde este año se presentaron funciones del FIAV están Medellín, Cali, Barranquilla, Cartagena, Bucaramanga, Pasto, Manizales, Pereira, Armenia, Ibagué, Neiva y Villavicencio. También otras Tunja, Popayán, Santa Marta, Montería, Sincelejo, Rioacha y Valledupar .
El Ministerio asumió la tarea de llegarle a más país y la convirtió en una intervención concreta, basada en el esfuerzo para sacar el teatro de Bogotá y ponerlo en movimiento en todo el territorio nacional.
El desafío ahora no es conceptual. Es de sostenibilidad. Mantener y ampliar esta red de circulación, consolidar alianzas regionales y garantizar que la descentralización no sea un hito aislado, sino una política permanente.
El FIAV es ahora un Festival con proyección nacional. Es una política cultural nacional en funcionamiento. Y esto lo deben cuidar quienes disfrutan de las artes vivas y quienes creen en la democracia. Porque los derechos culturales también cuentan y porque los logros alcanzados no deben dar marcha atrás.