"Desde mi montañita para ti" es un proyecto pedagógico que nació inspirado en las montañas cafeteras de Quindío. Los jóvenes creadores del
semillero A-Lab de Armenia se propusieron una misión: que las nuevas generaciones no olviden de dónde vienen. Por eso, a través del arte y la creatividad, este equipo de cinco integrantes multidisciplinarios —diseñadores gráficos y web, comunicadores audiovisuales, artistas visuales, gestores culturales y educadores— busca acercar a niñas y niños al patrimonio que les pertenece.
Juntos crearon el dispositivo viajero
“La familia del café cafecito para generaciones”, compuesto por una cartilla para colorear, una narración audiovisual animada e infografías ilustradas. El protagonista es un granito de café sonriente y narizón llamado
“Cafecito", el guía encargado de acercar a las niñas, los niños y los jóvenes al Paisaje Cultural Cafetero, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 2011.
"Empezamos a notar que en nuestra región no existen materiales que les permitan a las instituciones educativas hacer este trabajo con los niños",
cuenta Esteban Sánchez, director del proyecto. Y agrega que para el equipo era importante destacar las manifestaciones culturales que se tejen alrededor del Paisaje Cultural Cafetero.
La idea nació durante la pandemia como respuesta al proceso de migración del campo a la ciudad que ha generado una gran pérdida de conexión entre las nuevas generaciones y los procesos patrimoniales.
"Entonces nuestro objetivo es recuperar eso, llevarlo a las instituciones y hacer un archivo de esas tradiciones", explica Sánchez.
Dispositivo móvil creado por estos jóvenes. Foto: Cortesía A-Lab.
En Colombia, el café al final no es solo un producto de exportación o un motor económico, el café lo acompaña todo: celebraciones, duelos,
reencuentros y despedidas.
"Esa relación es lo que nos importa, toda nuestra cultura se teje alrededor de esa práctica que también ha traído una conformación arquitectónica, familiar. Entonces, para nosotros esos son unos lugares muy interesantes para estudiar", señala el director.
El Paisaje Cultural Cafetero fue reconocido por la UNESCO no solo por la calidad de su grano, sino por la capacidad de adaptación de las familias campesinas. En las empinadas montañas, donde otros cultivos no prosperaban, estas comunidades transformaron suelos difíciles en un mosaico verde de cafetales. Generación tras generación, aprendieron a leer la montaña, a trabajar con ella y no contra ella, creando un equilibrio entre el ser humano y la naturaleza que hoy es admirado en todo el mundo.
Es precisamente esa riqueza cultural invisible la que el equipo busca rescatar y transmitir a las nuevas generaciones.
Ha sido un proceso de aprendizaje también para el equipo, que ha tenido que descubrir cómo convertir esas historias tan técnicas en contenidos comprensibles y atractivos para las nuevas generaciones.
"Me parece muy interesante la relación que existe entre la educación artística y los procesos patrimoniales. Cómo no solamente necesitamos personas que tengan el conocimiento, sino que también tengan una sensibilidad desarrollada, unas formas de ver el mundo. Creo que la mejor manera de explicar esto es a través de la educación artística", reflexiona Sánchez.
A-Lab participó con el proyecto
"Taller audiovisual animando el patrimonio, una experiencia cultural para las nuevas generaciones". La iniciativa busca capacitar a docentes y estudiantes en el manejo de herramientas como teléfonos celulares para generar contenidos audiovisuales alrededor del patrimonio, beneficiando a 100 estudiantes en diferentes instituciones educativas.
Así,
"Cafecito" y su equipo continúan su recorrido por las montañas del Quindío, sembrando en las nuevas generaciones el amor por su tierra, su café y sus tradiciones, un granito a la vez.
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