Tunja, 22 de noviembre de 2025 (@Minculturas y @FAO_Colombia). #CocinasParaLaPaz Con el fogón encendido como símbolo de unión, memoria y resistencia, concluyeron en Tunja el II Congreso Internacional de Cocinas Tradicionales y el IV Encuentro Nacional de Cocineras y Cocineros Tradicionales de Colombia, dos jornadas que reunieron a más de 200 sabedoras y sabedores de las cocinas tradicionales, entre ellos cocineras, agricultores, artesanos, gestores culturales de 14 departamentos, junto con invitadas e invitados de Brasil, México, Perú y España.
Organizado por el Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes, en alianza con FAO Colombia, la Gobernación de Boyacá, la Alcaldía de Tunja y la Fundación Mundo Espiral, los encuentros resaltaron el papel de la cocina tradicional como patrimonio vivo, espacio comunitario, vehículo de memoria y herramienta para la construcción de paz. Las actividades se desarrollaron los días 19 y 20 de noviembre en la Escuela Taller de Boyacá y el Centro Cultural del Banco de la República, que acogieron conversatorios, demostraciones culinarias, una feria con 50 emprendimientos y actividades culturales.
Desde 2022, el programa Cocinas para la Paz ha recorrido diversas regiones —del Archipiélago al Amazonas, pasando por el Caribe, la Costa Pacífica y los Andes— fortaleciendo los saberes ancestrales que habitan en cada plato.
La viceministra Saia Vergara dio la bienvenida al encuentro y afirmó: “Debemos poner en valor toda esta riqueza que viene del pasado, de generación en generación, y que no puede perderse. Compartir experiencias e intercambiar conocimiento construye paz”. En la apertura, la sabedora Lina Marquesa Rodríguez, de San Onofre, lideró la invocación del fogón y recordó, a través de su “Sancocho sanador”, el poder del fuego y la palabra como formas de sanación colectiva.
El Congreso tuvo como eje una agenda de conversatorios sobre memoria, patrimonio, soberanía alimentaria y construcción de paz. En el espacio “Paz y cocinas tradicionales”, sabedoras de Bojayá (Chocó), San Pablo (Bolívar) y Riosucio (Caldas), junto con el director de la Unidad de Investigación y Acusación de la JEP, Giovanni Álvarez y la moderación del Representante de FAO Colombia, Agustín Zimmermann, reflexionaron sobre cómo el fogón ha sido refugio y lugar de protección emocional para comunidades afectadas por el conflicto armado.
Desde Brasil, gracias a la Cooperación FAO-Brasil, Ana Carolina Silva e Souza, del Ministerio de Desarrollo y Asistencia Social, presentó la experiencia de las Cocinas Solidarias, un modelo que ha permitido garantizar seguridad alimentaria en comunidades vulnerables y que ofrece claves para fortalecer políticas públicas en Colombia.
Uno de los diálogos más relevantes fue ‘Riesgos y oportunidades para la salvaguardia de las cocinas tradicionales’, con la participación de la cocinera muxe Xaneri Merino, la presidenta de la Red de Ollas Comunes de Pachacamac, Julia Ninahuamán, y representantes de colectivos colombianos. En este espacio se discutieron amenazas como la pérdida de semillas nativas, el desplazamiento, la homogenización alimentaria y los impactos del turismo no regulado.
Una agenda viva y construida con las comunidades
La programación incluyó demostraciones culinarias de Santander, Cauca, Boyacá, La Guajira, Tumaco y Oaxaca (México), la sesión “Sin tradición no hay vanguardia” con el reconocido chef Edwin Rodríguez y un espacio con la comunidad Wayúu sobre tejido, hierbas medicinales y sal.
En la primera jornada se rindió un homenaje póstumo a Marcela Criollo, cocinera tradicional del pueblo Quillasinga, líder y gestora cultural del sur del país.
Uno de los hitos del Congreso fue el lanzamiento nacional de las Guías Alimentarias Basadas en Alimentos (GABA) con enfoque cultural y territorial, desarrolladas por FAO y el Ministerio. Las GABA promueven prácticas alimentarias saludables, sostenibles y culturalmente pertinentes, y reconocen la diversidad culinaria colombiana. En el espacio participaron representantes de Amazonas, Providencia, San Pablo (Bolívar) y San Antonio de Palmito (Sucre), junto con el ICBF.
Además, se abrió el camino para avanzar en la articulación de la Red de Cocinas Tradicionales de Colombia, una apuesta que reunió voces y experiencias de distintos territorios y que continuará fortaleciéndose a través de procesos autónomos liderados por las propias comunidades.
Finalmente, el encuentro cerró con un llamado conjunto a fortalecer Cocinas para la Paz como un programa que reconoce a las cocineras y cocineros como actores fundamentales en la diversidad cultural, la memoria y la construcción de paz. El fogón que se prendió al inicio del Congreso simboliza hoy la continuidad de estos procesos: un fuego que seguirá encendido en cada territorio para alimentar la vida comunitaria, proteger la identidad y fortalecer la paz.