Durante décadas, la cultura en Colombia tuvo una dirección clara: de las ciudades capitales hacia afuera, cuando llegaba. Los festivales más importantes se hacían en Bogotá. Las convocatorias se llenaban desde los centros urbanos. Los recursos fluían hacia donde ya había infraestructura. La ministra Yannai Kadamani Fonrodona llegó al Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes con una convicción diferente: la cultura es un derecho de todos los territorios, no un privilegio de las ciudades. Esa convicción se ha traducido, en poco más de un año de gestión, en una transformación estructural de la forma en que el Estado colombiano distribuye, invierte y activa los recursos culturales.
Un presupuesto sin precedentes, distribuido de otra manera
Tras dos décadas de crecimiento lento, desigual y marcado por largos periodos de estancamiento, el presupuesto destinado al Sector Cultura registra durante el Gobierno del Cambio un incremento sin precedentes. Mientras que en los gobiernos anteriores la inversión cultural permaneció subordinada al gasto de funcionamiento y nunca logró superar de manera sostenida los $2,56 billones, la administración del presidente Gustavo Petro destinó $4,27 billones para el cuatrienio 2023–2026 (a precios constantes de 2026), la cifra más alta en la historia reciente del sector.
Este monto representa un aumento del 69 % frente al gobierno inmediatamente anterior y casi duplica el promedio de las administraciones precedentes, consolidando el mayor salto presupuestal registrado en una transición de gobierno y evidenciando una transformación en la forma en que el Estado colombiano concibe y financia la cultura.
Pero más que el volumen del dinero, lo que ha cambiado es hacia dónde va. En el Consejo de Ministros de diciembre de 2025, Kadamani fue enfática: "Hemos cumplido en la descentralización de este Gobierno." Ese cumplimiento tiene nombres y cifras concretas.
El SINAC: un sistema que integra convocatorias, simplifica procesos y facilita el acceso a las oportunidades culturales
Una de las apuestas más importantes de la gestión para democratizar el acceso a los recursos públicos de fomento cultural fue la creación del Sistema Nacional de Convocatorias Públicas, Artísticas y Culturales, el SINAC, formalizado mediante la Resolución DM 0031 del 16 de enero de 2026.
Antes del SINAC, artistas, gestores y organizaciones culturales debían navegar una oferta fragmentada, dispersa en múltiples plataformas y dependencias del Ministerio. El nuevo sistema reunió en una única plataforma digital más de 28 años de experiencia institucional en fomento cultural, con una inversión de más de $175 mil millones para 2026, organizada en cuatro portafolios y una convocatoria: el Portafolio del Programa Nacional de Estímulos, el Portafolio para la Dinamización de Espacios Culturales, el Portafolio Cultural Internacional “Colombia en el Mundo”, el Portafolio del Programa Nacional de Concertación Cultural y la convocatoria Jóvenes por el Cambio.
El modelo de fomento del SINAC va más allá de la asignación de recursos. Incluye El Telar, una ruta de acompañamiento pedagógico para la formulación y gestión de proyectos orientada a quienes han enfrentado mayores barreras de acceso; jornadas de mentoría y socialización para resolver dudas sobre la postulación y acompañar la formulación de proyectos; y una línea especializada de gestión y transferencia del conocimiento que acompaña a entidades territoriales e instituciones culturales en la estructuración de sus propias convocatorias públicas, poniendo a disposición del sector las capacidades técnicas y metodológicas del Ministerio.
Una gestión construida desde el territorio
La descentralización cultural no es solo una cuestión de convocatorias. También es una cuestión de presencia física del arte en los territorios. En 2026, el Ministerio creó el Sistema Nacional de Circulación Artística y Cultural y con él la plataforma Circuitos Vivos, cuyo propósito es activar recorridos artísticos en los municipios del país mediante convocatorias públicas que permiten a artistas seleccionados circular por distintas regiones.
La primera agenda de Circuitos Vivos, desplegada desde marzo de 2026 bajo la campaña Colombia Escenario del Mundo, incluyó artes escénicas y vivas en ocho municipios de cuatro regiones del país. En paralelo, el Ministerio apoyó 150 funciones teatrales gratuitas en 81 ciudades con motivo del Día Mundial del Teatro el 27 de marzo de 2026.
El hito más visible de esta apuesta fue la descentralización del Festival Internacional de Artes Vivas (FIAV), que en su segunda edición llegó por primera vez a 15 ciudades del país, superando la concentración bogotana de su debut. Desde mayo Circuitos Vivos también ha ofrecido programación artística gratuita en 12 ciudades y municipios de Colombia como Riohacha, Santa Marta, Honda, Armero, Ipiales, San Agustín, Quibdó, Cúcuta, entre otras, con la participación de 35 artistas y cerca de 11.000 asistentes.
La ministra Kadamani lo explicó con claridad: "La cultura no puede concentrarse en unas pocas ciudades. Con Circuitos Vivos estamos dando un paso decisivo para que los grandes festivales del país dialoguen con los territorios y para que las comunidades puedan encontrarse con las artes en sus propios escenarios".
Formadores desde la región, para la región
Quizás el ejemplo más contundente de la apuesta descentralizadora de Kadamani es el modelo de operación del programa Artes para la Paz. Se trata de la apuesta más ambiciosa del Gobierno nacional para garantizar el derecho a la educación artística y cultural en Colombia. A la fecha, el programa ha llegado a más de 800.000 niñas, niños, adolescentes y jóvenes, con presencia en uno de cada tres establecimientos educativos del país y cobertura en dos de cada tres municipios, consolidándose como una estrategia de transformación social y construcción de paz desde los territorios.
Además, a través de sus distintas líneas de acción, ha beneficiado a más de 1,2 millones de personas, fortalecido a más de 500 organizaciones culturales de base, vinculado cerca de 8.800 artistas formadores, sabedores y cultores y creado 1.153 plazas docentes en áreas artísticas, llevando oportunidades de formación cultural a regiones históricamente excluidas y priorizadas por el Gobierno.
Cultura como motor económico regional
La descentralización cultural no tiene solo un valor simbólico. Tiene un impacto económico directo en los territorios. Kadamani ha señalado en múltiples ocasiones que la cultura aporta en algunos años hasta tres puntos del PIB nacional, impulsada por industrias como el cine, la música y el turismo cultural, y que cada peso invertido en cultura se multiplica por tres en términos de impacto económico local. Distribuir ese impacto de manera más equitativa entre las regiones del país es, en el fondo, también una política de desarrollo económico territorial.
La apuesta de Yannai Kadamani por la descentralización cultural no es nueva en el discurso público colombiano. Lo que la diferencia es que en esta gestión llegó con instrumentos concretos: una plataforma unificada de convocatorias, un sistema de circulación artística, un programa de formación que opera desde las regiones y un presupuesto histórico orientado hacia los territorios. El resultado es una cultura que, por primera vez en mucho tiempo, no espera a que las regiones vengan a ella. Va hacia ellas.