Saberes y selva del Guaviare: entra a las malokas Tatuyo, Kubeo y Tukano Oriental, cocina en la chagra y reconoce la selva como gente.
Incluye:
Tarifa grupal (base 7 pers.) desde $1.373.000 COP ≈ USD $400 (approx)
Galería

















Aquí la ancestralidad no es un pasado congelado: es una práctica cotidiana que se baila en la maloka, se cocina en la chagra, se pinta en la piel y se teje en las manos.
Una experiencia biocultural en la que entras —cuerpo y pensamiento— en la vida de las comunidades Tatuyo, Kubeo, Tukano Oriental y las familias colonas que hoy comparten el Guaviare. Más que visitar malokas, aprendes haciendo: te dejas armonizar, cocinas con yuca, frutos amazónicos y ají, caminas el humedal con la comunidad y creas arte con símbolos del territorio.
Por qué es única
En la maloka Tatuyo te reciben con carayurú y un ritual de armonización: el trazo rojo en la piel es un saludo a la selva.
En la chagra y la casa de saberes de Lili cosechas ají y yuca, haces casabe y trenzas el pescado moqueado que después almuerzas.
Recorre las malokas y entiende como son espacios de vida, conocimiento y comunidad que se relacionan con la selva.
En EcoCheyenne se encuentran agua, tecnología y arte: pozos sagrados, talleres de pigmentos y cámaras trampa que registran la fauna.
El recorrido
Cruzas despacio el umbral de la maloka Tatuyo —casa, escuela, templo y memoria—. La sabedora y el sabedor trazan el carayurú, la pintura roja que armoniza el cuerpo y saluda a la selva. Compartes un refrigerio tradicional —jugo de patabá, quiñapira— y participas en la danza de carrizo, maracas y cantos en lengua tukano.
Ritual y bienvenidaDe la mano de familias guanano y kubeo recorres la chagra y reconoces los frutos amazónicos, el ají que cura y conserva y la yuca brava que solo el saber ancestral vuelve alimento. Con tus manos rallas, prensas y tuestas el casabe, trenzas el pescado moqueado y cocinas el almuerzo. Mientras se prepara, dialogas sobre territorio y paz con Leonardo, del pueblo Kubeo.
Manos, comida y memoriaUn guía del pueblo Tukano Oriental te muestra la Morichera de Panuré, un humedal urbano como siempre lo fue: una fuente de vida. Reconocido como reserva, resguarda cinco especies nativas y guarda memorias de pesca y de los abuelos. Caminarlo es entender que la selva no desapareció: cambió de forma y sigue respirando entre la ciudad.
Territorio y aguaElsa Bonilla te recibe en la maloka Kubeo con un jugo ancestral y palabra tranquila. Cada canasto, collar y tejido en cumare o bejuco cuenta el viaje de la Anaconda Ancestral, los caminos de los ríos y la piel de los animales. Descubres que una artesanía no es souvenir: es memoria viva.
Tejido y símboloDesciendes hasta el agua. Tras un ejercicio para “despertar los sentidos” y escuchar el paisaje sonoro, llegas a las pozas esculpidas durante miles de años en la roca del Escudo Guayanés. Un momento de silencio, una petición de permiso, y el baño curativo se vuelve rito de conexión con el territorio.
Agua sagradaCierras en EcoCheyenne, proyecto familiar que une medio ambiente, tecnología y arte (META). Desayunas comida fusión amazónica–colona, estampas tus propios pictogramas con pigmentos naturales y recorres la galería y las cámaras trampa que registran la fauna del bosque y se convierten en instrumento de educación ambiental, antes de un almuerzo de cierre.
Arte, ciencia y futuroLa selva no es un recurso:es gente-árbol, gente-río, gente-piedra.
Todo listo
Testimonios
“Recibir el carayurú en la maloka Tatuyo y entrar despacio, con respeto, cambió por completo mi manera de viajar.”
“Cocinar el casabe con la señora Lili y comer lo que yo mismo ayudé a preparar fue la comida más significativa de mi vida.”
“Bañarme en los Pozos Naturales después de pedir permiso al agua se sintió como un rito, no como un paseo.”
Cupos coordinados directamente con las familias y operadores del territorio. Escríbenos y planeamos tu viaje contigo.