El territorio se lee como un libro vivo: arte rupestre milenario en el Raudal del Guayabero, Cerro Azul y Nuevo Tolima, interpretado por comunidades Jiw, Tukano Oriental y Kubeo.
Incluye:
Tarifa grupal (base 7 pers.) desde $1.761.000 COP ≈ USD $515 (approx)
Galería















Aquí las rocas no son decorado: son el libro más antiguo del continente, abierto hace más de veinte mil años y todavía en lectura.
Una experiencia inmersiva donde el territorio se vuelve un libro vivo que se lee desde muchas miradas —indígena, campesina, científica… y la tuya—. Cada parada es un capítulo: el pueblo Jiw, el Raudal del Guayabero, Cerro Azul y Nuevo Tolima. Caminas entre pictogramas de jaguares y anacondas mientras un sabedor te recuerda que esas figuras no representan el pasado: son instrucciones para el presente.
Por qué es única
El Escudo Guayanés guarda más de 20.000 años de presencia humana. Aquí la roca no es un vestigio muerto: un sabedor la interpreta frente a ti, en primera persona.
La ciencia del ICANH, los abuelos Jiw y tukano y la mirada campesina se sientan frente al mismo panel. No buscamos una sola verdad: ponemos las miradas a conversar.
Navegas el Raudal del Guayabero con motoristas locales que cambiaron la motosierra por el bastón de guía y acordaron no tumbar una hectárea más de bosque.
En Cerro Azul y la Finca El Chontaduro, colonos e indígenas conversan la historia de la coca desde la cosmovisión y el turismo de paz, no desde el estigma.
El recorrido
La ruta no empieza con una foto: empieza pidiendo permiso. En el sector La Libertad de Barrancón, el pueblo Jiw —uno de los más antiguos del Guaviare— armoniza tu camino para que entres a su casa espiritual: territorio, río y selva. Humo, canto y silencio. No es un show: es respeto.
Ritual y permisoGuardianes de la lengua, los cantos y las medicinas, los Jiw te muestran cómo la memoria de la roca sigue viva en los cuerpos y las palabras. Tejidos cuyos diseños dialogan con las figuras rupestres, danzas y relatos en su propia lengua te preparan para leer el territorio.
Memoria vivaTe sientas a un almuerzo tradicional preparado por la comunidad. Cada alimento —de la chagra, la pesca y la recolección— tiene su historia, y la conversación fluye sin guion entre preguntas y risas.
Comida y palabraSubes a la lancha y el río Guayabero —memoria líquida del territorio— te abre paso entre cañones de roca precámbrica. Los motoristas locales cuentan cómo este escenario pasó de la guerra y los cultivos ilícitos a ser corredor de turismo comunitario y conservación.
Memoria líquidaUn sendero guiado por campesinos e indígenas interpreta plantas, cultivos y técnicas tradicionales. Antes de entrar al panel, un pequeño acto de permiso al lugar sagrado. Frente al mural, en silencio, un intérprete Jiw lee las figuras: animales, humanos, seres del umbral, escenas de caza y ritual.
Arte rupestreSubes por un sendero corto pero intenso hasta el mirador. Arriba, el río serpentea como una anaconda entre la selva, y el guía propone una reflexión sobre la Casa Común: la conexión entre la Amazonia y la Orinoquia, y el papel de las comunidades en cuidarla.
Mirador y reflexiónFamilias campesinas te reciben en el ecolodge comunitario de Cerro Azul. Alrededor del fuego, con aguapanela en la mano, colonos e indígenas comparten cómo pasaron de tumbar monte a cuidar el bosque. Un mayor explica el uso y el sentido de la coca en su cosmovisión, y la noche cierra con una cena amazónica.
Fogata y palabraAsciendes con intérpretes locales y representantes tukano. En el primer panel se leen escenas del mundo cotidiano y la caza —acuerdos con los espíritus de los animales—; en el segundo, figuras híbridas humano-animal y escenas chamánicas hablan del tránsito entre mundos.
Mundo cotidiano y espiritualLa ruta cierra en una finca campesina de Nuevo Tolima. Aquí la coca aparece no como materia prima del narcotráfico, sino como planta maestra ligada por siglos a la palabra, al trabajo colectivo y al equilibrio, en diálogo con otras plantas medicinales de la Amazonia. Una conversación honesta para mirar la selva con otros ojos.
Coca y territorioEl territorio no se visita:se lee como un libro vivo.
Todo listo
Testimonios
“Leer un panel rupestre junto a un sabedor Jiw, en silencio, fue como escuchar hablar a la piedra. No volví a mirar la Amazonia igual.”
“Navegar el Raudal y entender que este río pasó de la guerra al turismo de paz me removió por dentro.”
“La noche de fogata en Cerro Azul, escuchando a colonos e indígenas, fue la conversación más honesta que he tenido sobre la coca.”
Cupos coordinados directamente con las comunidades y operadores del territorio. Escríbenos y planeamos tu viaje contigo.