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2013-04-04
 

Una mirada al infinito con Leo Matiz

 
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<div align=\"justify\">La exposici&oacute;n <i>Leo Matiz, mirando el infinito</i>, se inaugura esta noche en el Museo Nacional en Bogot&aacute;. Incluye 128 fotograf&iacute;as en blanco y negro de este reportero gr&aacute;fico y artista colombiano. Estar&aacute; abierta al p&uacute;blico hasta el pr&oacute;ximo 19 de mayo.<br /></div><br />

Por: Camilo Gómez Gaviria

“Me he salvado de los huracanes, de los volcanes nacientes, de los ríos que se salen de su curso, de los atentados. Pero yo no puedo dormir. He venido a ver el infinito”.

Inscrita en un muro al interior de la sala de exposiciones temporales del Museo Nacional, esta es la cita que recibe a los visitantes a la exposición Leo Matiz, mirando el  infinito. También es la que le dio el título a la muestra. “La frase viene de una entrevista que le hizo un periodista colombiano en un momento dificilísimo de Leo Matiz, porque por robarle las cámaras, lo golpean salvajemente, y en la golpiza pierde un ojo: el ojo que usaba para mirar, en su fotografía. También era muy reciente la muerte de su hijo” explica el curador de la muestra, Ernesto Peñaloza, académico, fotógrafo y curador mejicano que trabaja en el Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM desde 1990.

“Es un personaje que llevo tiempo trabajando” dice Peñaloza sobre Matiz, este viajero infatigable que murió a los 81 años tras una vida novelesca que le alcanzó entre otras cosas para recorrer Centro América a pie, enfrentarse en un duelo por la mujer que se convertiría en su primera esposa, acusar de plagio al muralista David Alfaro Siqueiros en México —país donde vivió varios años y que vio el florecimiento de su arte—, viajar a Palestina como observador de las Naciones Unidas, conocer diversos países y fotografiar desde humildes labriegos y trabajadores hasta grandes artistas, músicos y poetas de su tiempo. Como el escritor Gabriel García Márquez, nació en Aracataca, en la Costa Caribe colombiana, y aunque la fotografía lo haría famoso, comenzó publicando caricaturas antes de convertirse en reportero gráfico a finales de la década de 1930.
 
Una foto en la sala hace una referencia velada a los inicios profesionales del fotógrafo: se trata de un retrato de Enrique Santos Montejo, ‘Calibán’. “Él fue el causante de que Leo Matiz dejara la caricatura y se convirtiera en fotógrafo” dice el curador. En su juventud, cuando colaboraba con El Tiempo, el joven caricaturista conoció a ‘Calibán’. “Él le dijo que ya no le iba a comprar caricaturas, que le pedía que le llevara fotografías. ¿Y eso por qué? Porque los caricaturistas eran bohemios perdidos” dice Peñaloza. “Leo Matiz iba por ese camino. Y como ‘Calibán’ es el culpable de que Leo Matiz se haya hecho fotógrafo, lo ponemos ahí.” 

La muestra está dividida en varios núcleos temáticos que demuestran la versatilidad del fotógrafo. El visitante encuentra primero fotos que tienen que ver con el agua. En esta sección está su primera gran fotografía, de 1939, llamada “La Red”. En ella, vemos a un pescador sobre una barca en la Ciénaga Grande del Magdalena lanzando una atarraya. Matiz se mete dentro del agua y captura la red en su momento de máxima expansión. “Lo que llamaría Cartier Bresson ‘el instante decisivo’”, dice Peñaloza.

Luego vienen imágenes de la tierra, de labriegos y campesinos con los que Matiz entraba en confianza preservando así la naturalidad de los personajes en las imágenes captadas. En una foto vemos las manos de un trabajador sosteniendo una brizna de hierba: “Parece mentira, cómo al aislar las manos, consigues también contar una historia. Es una foto que te lleva a la reflexión, a imaginarte al personaje a través de sus manos” dice el curador.

Luego siguen imágenes de ciudades latinoamericanas donde se refleja el contraste entre la opulencia y la pobreza, así como el desproporcionado crecimiento de estas urbes en la época que le tocó vivir al fotógrafo. En esta sección, se hallan imágenes del Bogotazo, otro episodio en el que le robaron las cámaras a Matiz. “Él ya había hecho un cambio de rollo, que fue lo que apareció ahora en el archivo de la Fundación Matiz. Entre los inéditos que hay en esta muestra, estarían estas imágenes del Bogotazo” dice Peñaloza, aunque señala que gran parte de las fotografías de la muestra son vintage —impresiones hechas por el artista en la época—.
 
En el siguiente espacio destacan fotografías que parecen emparentadas a la pintura abstracta, donde imágenes tomadas en fábricas revelan patrones y formas geométricas. Sin embargo, las repeticiones no sólo aparecen en la industria sino también en la naturaleza, como en el caso de una foto vintage que muestra las hojas de una palmera.

Finalmente, la última sección nos lleva al arte, con imágenes del circo y del cine, de músicos como Lucho Bermúdez y Louis Armstrong, artistas como Frida Kahlo y los muralistas mexicanos Rivera, Orozco y Siqueiros, y poetas como Neruda y León de Greiff.

Fuera de la importancia que estas fotografías tienen como documento histórico, Peñaloza cree que esta exposición va a ser propicia para que se reconozca a Leo Matiz como uno de los artistas colombianos más importantes de la segunda mitad del siglo XX. “Leo Matiz y su obra, no es menor que la de los grandes pintores, los grandes escritores, los grandes arquitectos colombianos. Está a la par en impacto cultural” dice. “Tuvo que transcurrir este tiempo para que la percepción de la fotografía como periodismo o artesanía se valore como lo que es: una manifestación artística de primer orden”.


Para mayor información sobre la exposición, visitar la página: http://www.museonacional.gov.co/sites/leomatiz/

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