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2013-11-20
 

 Entre ríos nace una biblioteca y esperanzas de un pueblo

 
Crédito: Milton Ramírez @fotomilton
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 Achí, Bolívar ahora cuenta con nueva biblioteca  pública. Conozca la historia de este pueblo macondiano en esta crónica escrita por Mónica Pulido Villamarín.

Cada rincón del país, ciudad, municipio o corregimiento tiene historias que contar, recuerdos que develar y sueños por cumplir y Achi, en el departamento de Bolívar, conocido también como el pueblo del estornudo, no es la excepción, 
Ubicado a tres horas de Magangué, en lancha sobre el río Cauca que poco a poco se pierde sobre el caudal del río Magdalena, se encuentra Achí, conocido en sus inicios con el nombre de Ojolargo pero que fue desapareciendo debido a un brote de cólera en 1814 y dio paso a lo que ahora se conoce como Achí.

Este pueblo le debe su historia y vida al río pero también le debe sus tristezas, afectado por las olas invernales ha tenido que reconstruirse más de una vez, pues el río ha arrastrado hasta las ilusiones de niños, jóvenes y adultos, pero como ellos mismos dicen “los achianos somos echaos pa’lante y a pesar de todas las circunstancias acá estamos y seguirnos mejorando”.

 “Este pueblo es un pueblo macondiano porque Macondo es un pueblo fantasma y Achi casi queda así, cuando desaparece la parroquia, pero los que quedaron aquí se encargaron de sacarlo adelante”, dice Jorge Felix López, docente hace 25 años y quien se ha convertido en el gran historiador del pueblo.”El nombre de Achí viene de un árbol llamado Hachís” -dice Jorge- “que sirve para dar sombra y proteger del sol, pero varios de los niños del pueblo cuentan que ya se ha venido desapareciendo y son muy pocos los que se encuentran”.

Con nostalgia, el profe como le dicen sus estudiantes, recuerda a un Achí de hace años “El Achí viejo se fue porque el río Cauca estaba abriendo su cauce y pedía su espacio” mirando al cielo como buscando allí los recuerdos cuenta que “era un Achí lleno de cultura, de costumbres sanas, de navidades lindas, si no se hubiera ido ese Achí, esto sería grandísimo. Ese Achí viejo era de calles polvorientas, casas de bareque, forradas con moñinga, cañaflecha y muy frescas”.

El profe Jorge también recuerda que este pueblo se carcterizó siempre por su religiosidad, duró casi 40 años sin iglesia, lo que también afectó a la comunidad, “pues siempre hemos sido muy católicos y con esa falta de la iglesia llegaron otras que crearon un impacto muy fuerte en la gente haciendo olvidar sus raíces y costumbres, y hasta el 2002 es que logramos que la iglesia católica volviera”.

Pero la iglesia no fue era la única que hacía falta en este municipio, allí tampoco tenían biblioteca, ya que en la última toma de la guerrilla en 1995, se vio afectada y desapareció junto con la alcaldía, la inspección de la policía y cientos de casas.
“Fue una época de mucho dolor, de mucha incertidumbre pero sobre todo de mucho miedo, nadie podía salir y quien lo hiciera podía morir, algo que no queremos volver a vivir”, así lo cuenta el Alcalde de Achi, Walter Salvador Villacop.

Después de 18 años los achianos tendrán ahora un espacio de paz, un espacio para la lectura y la cultura, la Biblioteca pública de Achí, ubicada en medio de los dos colegios con los que cuenta la población, será ahora un orgullo para niños, jóvenes, padres de familia y población en general que soñaron con ella durante muchos años. “Ahora vamos a tener un lugar para buscar las tareas en los libros y no en internet y para leer las cosas que nos gustan”, cuenta Rafael Rodríguez de 13 años mientras su amigo de 12 años Moisés Rodríguez lo interrumpe.  “Es muy importante porque allí podemos leer e investigar cosas que nos sirven para lo que queremos ser cuando grandes y uno aprende mucho”.

Achí, como el sonido de un estornudo pero sin la s, está más vivo que nunca, a la orilla del rio, sus habitantes llenos de esperanzas tocan la tambora mientras que los niños corren en la mañana, en la tarde y hasta en la noche hacía su nueva biblioteca para dejarse sumergir por el mágico mundo de la lectura.

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