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Expresiones del Patrimonio Cultural Inmaterial
Expresiones rituales, escénicas, ceremoniales, actos festivos, juegos y deportes |
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Las fiestas y los carnavales del sitio en donde vivimos son momentos importantes de encuentro en los que celebramos fechas importantes de la historia, agradecemos a los santos y a la naturaleza por la cosecha o nos dedicamos a jugar y a volver al revés el pueblo. Para que se haga como nos gusta, se prepara con anticipación: las abuelas enseñan el secreto para que el dulce quede en su punto, los músicos ensayan el repertorio que acompañará las coreografías de baile, los artesanos muestran todo su ingenio en carrozas, máscaras y muñecos. Los vecinos se unen para inventar coplas, organizar el recorrido y hacer el sancocho.
Cuando llega el gran momento, salen las comparsas, las cuadrillas y las carrozas; algunas nos hacen reír, otras nos ponen a pensar en nuestro pasado, presente y futuro, otras se burlan o parodian la vida política. Las fiestas son parte de nuestro patrimonio cultural inmaterial porque son espacios en los que reafirmamos ser parte de una comunidad con la que compartimos historias, formas de disfrutar la vida y de enfrentar los problemas, maneras de relacionarnos con los otros y con la naturaleza.
| En Colombia se realizan más de tres mil fiestas en los 365 días del año que demuestran la inmensa variedad de culturas presentes
en el territorio nacional. |
El primer Carnaval de blancos y negros de Pasto (Nariño) se celebró en 1808, un 5 de enero, como acto de resistencia de las personas negras esclavizadas traídas de África. A esta fiesta se introdujeron los ritos agrarios indígenas y las expresiones teatrales de los españoles, por esta razón, en la actualidad, cuando vamos al carnaval, pintamos de negro y de blanco a todos los que se asomen a la calle. Los artesanos elaboran figuras gigantes de papel con las que se burlan de personajes de la vida política nacional y local.
Desde hace más de 150 años, a comienzos del mes de enero de cada año impar, se realiza el Carnaval de Riosucio, Caldas, que reúne la herencia cultural indígena, europea y africana para hacer un conjuro contra la tristeza con la ayuda del diablo, símbolo del poder de la música y del baile. En los meses anteriores leen los decretos y finalizan con el testamento del diablo y el desfile de las cuadrillas en las que la sátira es un elemento de crítica social.

Los 11 de noviembre en el municipio de San Martín, Meta, se celebran las fiestas a sus santo patrono desde el siglo XVII en la que escenifican una batalla de cuadrillas ejecutada por 48 jinetes distribuidos en cuatro grupos o cuadrillas que representan cada una a los moros (árabes), galanes (españoles), guahibos (indios) y cachaceros (africanos esclavizados) y su papel en el momento de la conquista cristiana española, así como la resistencia de los aborígenes americanos frente a los conquistadores españoles.
En Plan de Raspadura, Chocó, está la imagen del Ecce Homo que le ha hecho milagros a mucha gente de la región, por eso peregrinan hasta su templo para agradecerle, especialmente en las fiestas en su honor organizadas por el pueblo la semana siguiente a la semana santa. Ahí los raspadureños refuerzan sus vínculos como comunidad defensora del Ecce Homo que los ha acompañado desde 1802 y quien los ayudó en su liberación de la esclavitud.
Los indígenas ingano y kamëntsá del Valle de Sibundoy, Putumayo, celebran el resultado del trabajo comunitario antes del miércoles de ceniza con el carnaval del perdón o Clestrinye. En él se reconcilian y abonan las amistades con abundante chicha y mute para comenzar un nuevo ciclo en armonía.
Desde chiquitos aprendemos a celebrar nuestros carnavales y fiestas. Le damos un lugar privilegiado en la memoria a la comidas, a las tradiciones orales, al teatro, a las músicas y a la danzas que hacen parte de estas celebraciones. Siempre querremos volver, cuando estemos lejos, a las celebraciones con nuestra gente.
Otras celebraciones son menos festivas y tienen un significado sagrado. Muchos grupos o comunidades marcan con rituales las diferentes etapas de la vida, desde el nacimiento hasta la muerte. Estos son los rituales en los que afianzamos nuestro sentido de pertenencia a una comunidad. También a través de rezos, cantos y otros actos sagrados entramos en contacto con los dioses, recordamos nuestro origen y agradecemos a los creadores.
Algunos grupos indígenas del Amazonas celebran el rito del yuruparí. A través de los sonidos de especies de flautas y trompetas del yuruparí —que solo pueden ser vistas e interpretadas por hombres—, borran la separación entre pasado y presente, entre muertos y vivos, entre ancestros y descendientes, para encarnar el mito que dio origen a su existencia en el mundo. Es también el momento en que, quienes están a punto de entrar a la adultez, reciben los conocimientos de su pueblo. Este rito integra a la comunidad en torno a sus mitos, religión, tradiciones orales y relación con la naturaleza.
Como los amigos están en las buenas y en las malas, también frente a la muerte nos unimos. Cada grupo tiene su ritual para despedir los muertos: en algunos se les canta, en otros se les reza o se les deja comida. Estas despedidas también hacen parte de nuestro patrimonio cultural inmaterial, pues reflejan nuestra manera de entender la muerte y de acompañar a los dolientes.
Dentro de lo que demuestra quiénes somos, también están los deportes y juegos tradicionales como el trompo, el balero, la golosa, las canicas, el sapo, la cachaza, el tejo, el tiro de cerbatana, etc. Por medio de ellos aprendemos a tomarnos de la mano, a compartir, a comunicar, a relacionarnos con los otros, a ser queridos y a desempeñar papeles, además desarrollan nuestra habilidad física y dan rienda suelta a nuestra creatividad. Es importante que las nuevas generaciones no pierdan esta posibilidad de divertirse a partir de cosas sencillas, no dependan de comprar juegos o de la tecnología para recrearse y, sobretodo, no pierdan la cercanía con los demás, es decir, la oportunidad de pertenecer a una comunidad. |
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