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2018/03/21

El desencantado de la eternidad

 
 
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Una novela que retrata la dualidad de un viaje a la vida, a la muerte, al sueño, al Chocó y a San Francisco de Asís, un santo blanco para un pueblo negro, todo en las fiestas de San Pacho.


Por Valentina Vega

San Francisco de Asís llega a Quibdó, una noche por los vientos profundos del río Atrato, en un día de fiesta. En medio del canto multicolor de las chirimías, Francisco recorre Quibdó hasta llegar a la Catedral de San Francisco de Asís, donde por medio de un puñado de hombres y mujeres se da cuenta de San Pachito, una réplica idéntica a él. Esta escena anuncia el inicio de la fiesta de San Pacho. Aquí entra el juego carnavalesco y místico de la novela y se denota el cambio de mundos que surgen en el carnaval. 

Esta novela muestra todo el Quibdó atravesado por la hibridación étnica y cultural del carnaval de San Pacho. San Francisco de Asís, es un personaje que a veces interviene en la obra, porque la mayor parte de la narración es un observador, y que por medio de él, se van conociendo personajes que nos van contando una historia de ficción y otras una autenticidad de Quibdó. 

Durante la narración aparecen personajes que van a darle vida a la historia y a la cultura como San Rafa, donde se conoce todo un ritual hacia los muertos; un ritual que es un símbolo del destierro y la ida del muerto entre los vivos. Manuel Saturio Valencia, cuenta toda una historia de memoria de Quibdó, un hombre que iba hacer ejecutado en mayo de 1907 por ser el culpable de un incendio. Chonto Serna es un personaje que se la pasa en “La Convergencia”, un cimarrón a quien iban a matar a machete y ahora se la pasaba en este lugar bebiendo. Por otra parte, el narrador también le da vida a lugares como San Vicente, un lugar que limita con la pobreza, es famoso por el paro cívico de 1987, fue un momento en que el pueblo negro se alzó contra el centralismo blanco, esta revuelta paso a ser monumental.

El desencantado de la eternidad, trabaja con un discurso que se puede revelar lo que nace del arte de las calles de Quibdó, cuando se está sumergido en las fiestas y se sobrelleva la miseria de la vida, con la música, la comida, el aguardiente, los personajes. 

Por otra parte, el narrador recurre a elementos que configuran y que llevan a este emocionante personaje de San Francisco a una permanente rumba en la fiesta de San Pacho, al sentimiento de alegría por el aguardiente, a una trasgresión por la sensualidad por Sibila, que el santo se resiste por llegar a una situación pecaminosa por su cargo, a probar marihuana. 

Además, de construir todo un mundo carnavalesco, Carvajal utiliza elementos para demostrar todo un mundo de desigualdad que hay en Quibdó y una de las cosas para sobre llevar la vida es el carnaval. 
“La proclama prohibía que se fuera el agua y la luz, en una ciudad sedienta de servicios públicos”. 
“Entrar en San Pacho es estacionarse en un lugar privilegiado del infierno. No es un carnaval, es la liturgia de la pobreza. No es la fiesta de un pueblo, es la lujuria de una cultura”.    

Carvajal, en esta novela, muestra la vivencia quibdoseña, pero al mismo tiempo toca temas que han sido de interés para los humanos de diferentes regiones y épocas. Uno de estos temas es el enfrentamiento de la realidad que vive Colombia.

El desencantado de la eternidad permite a todo tipo de público acercarse a este relato, a través de una lectura clara y sencilla, llena de experiencias sobre la fiesta de San Pacho. El libro ofrece una visión a todos los colombianos del mundo que se vive y se juega por San Pacho. 

El lector debe recordar que: “San Pacho es una porción de fantasía, un tamal, un pedazo de tiempo que nos dejó Dios para aliviar algunos días, cada año, la pésima racha de nuestro destino”. 



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