02 de enero de 2013
Del 2 al 7 de enero la ciudad de Pasto en Nariño se llena de historia, colores, risas, música y cocina tradicional, gracias al Carnaval de Negros y Blancos, una manifestación que representa la identidad del pueblo nariñense y que el Ministerio de Cultura y Corpocarnaval invitan a conocer y ser parte de ella.
En cada calle y rincón de esta bella ciudad, los pastusos y turistas podrán ser parte de esta fiesta asistiendo por ejemplo al desfile de colonias, donde se muestra la riqueza cultural de esta región del país y al carnavalito, actividad donde los niños con su imaginación se adentran en la cultura popular para expresar el amor por su tierra, el arte y el carnaval, entre otras.
Cada día del carnaval tiene un protagonista, si el 2 de enero son las colonias y el 3 los niños, el 4 de enero es el turno para la Familia Castañeda que llega a la senda del carnaval, de 5.6 kilómetros, con un trasteo que evoca la memoria de viejas costumbres, prácticas y formas de vida representadas en los personajes que la conforman. La familia es recibida por Pericles Carnaval, quien con su alegría natural y amabilidad hospitalaria, en nombre del carnaval da la bienvenida.
Con la llegada de la Familia Castañeda el turno es para los negros el 5 de enero, con un juego que revive la fraternidad humana y que aflora en el carnaval la ternura y la alegría humana. Inicia el día con la discreta aplicación de cosmético negro entre los participantes, habitantes y turistas con la frase; “una pintica por favor”. Llegando casi a su fin, se prepara el día magno que se celebra el 6 de enero, con el día de blancos, de talcos, de perfume, de serpentina y de creación. Se emana magia por doquier; los artesanos, artistas y cultores han impregnado desde días atrás la atmósfera de olores, colores y formas nacidas de los mitos, las leyendas, la creación colectiva, las narraciones fantásticas y la naturaleza que es embrujante.
El Carnaval, toda una tradición, toda una fiesta
El Carnaval de Negros y Blancos declarado patrimonio inmaterial de la humanidad en el 2010, se realiza año tras año iniciando el 28 de diciembre con el pre-carnaval que tiene entre sus actividades el juego con agua con el fin de preparar el espíritu del Carnaval, el arcoíris en el asfalto que consiste en unir a grandes y pequeños en torno al arte de dibujar en la calle, conciertos de música y el tradicional desfile de años viejos, muñecos realizados con ironía y sarcasmos a gobiernos y sucesos del año que termina.
El Carnaval encuentra sus raíces en los rituales practicados por los grupos que habitaban el Valle de Atríz en el altiplano nariñense, donde los Pastos y los Quillacingas, en tiempos prehispánicos, ofrendaban a sus entes tutelares: la Luna, el Sol y el Taita Urcunina (volcán Galeras) para tener buenas cosechas y pedir por nuevos ciclos de prosperidad.
Con la llegada de los españoles se introdujeron elementos cristianos a las festividades indígenas que procuraron acelerar el proceso de evangelización. Estas celebraciones perduraron por mucho tiempo hasta que, a comienzos del siglo XIX fueron prohibidas en el contexto de los levantamientos indígenas. Prohibición que sin embargo duró poco, pues la fuerza de la tradición se impuso por encima de los imperativos de la Corona, y los festejos indígenas reaparecieron con churumbelas que posteriormente se mezclaron con las mascaradas de los vecinos mestizos.
Paralelamente, se fusiona la celebración conocida como “asueto” dando lugar a nuevos elementos que le otorgan el carácter variable a las celebraciones de la región. El asueto era el día libre que se les daba a los esclavos negros durante la época colonial, día que aprovechaban para entregarse al ocio y al regodeo, dando lugar así al Día de Negros.
La definición más general de Carnaval es la de la fiesta al revés, o la del mundo invertido que expresa la necesidad del inconsciente individual y colectivo de romper con las formas y expresiones reguladas por el poder social establecido. El Carnaval de Negros y Blancos de Pasto, se lleva a cabo fuera del calendario tradicional de los carnavales de todo el mundo, enmarcados por las fiestas paganas y cristianas en el período de Cuaresma o de la primera luna llena en primavera; sus orígenes están ligados a las fiestas andinas ancestrales a las que posteriormente se integraron tradiciones europeas.
Todo ocurre en un mundo encantado: el tiempo es otro tiempo (situada en un pasado mítico o en una actualidad pura); el espacio en que se verifica cambia de aspecto, se desliga del resto de la tierra, se engalana y convierte en un “sitio de fiesta” (en general se escogen lugares especiales o poco frecuentados). La sociedad comulga consigo misma en la fiesta.
El Carnaval además de ser la gran fiesta representativa de la identidad nariñense, brinda múltiples escenarios de participación colectiva, en esta manifestación cultural hay espacio para el arte y la estética representado en ese monumental saber hacer de nuestros artistas, la economía se dinamiza generando oportunidades de trabajo.
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